No Dijeron Nada
Foto: Tadas Mikuckis
No Dijeron Nada

No dijeron nada

No dijeron nada

Era un perfume incomparable, suave, azucarado con olor a piel, sin embargo, no había piel.

Era una fragancia que abrazaba, que exploraba cada intersticio de la mente, del corazón y los instintos.

Era un aroma que hipnotizaba.

Se introdujo por los sentidos, recorrió cada fibra de su cuerpo, penetró en los laberintos oscuros, húmedos e intangibles, donde nadie se reconoce, donde no existe la razón.

Sólo era un perfume acariciándola, haciendo vibrar una nota hasta ahora ignorada, que aceleraba los latidos, la respiración.

Extendió su mano pero no había piel, entonces cerró sus ojos y lo dejó hacer.

Era un hombre sofocado, conteniendo los impulsos, buscando en sus reconditeces las reconditeces del ser, deduciendo en cada inhalación el aroma a mujer.

Podía sentir su sangre desbocándose, estimulando cada partícula de su cuerpo, extrayéndole en cada gota lo más puro o profano que tenía en su haber.

Pero no había piel.

Trató de concentrarse en esa nota que lo subyugaba, lo elevaba a un mundo desconocido donde no existe razón, donde la razón sólo es placer.

Entonces cerró sus ojos y la dejó hacer.

Era el amanecer de un otoño aún inmaduro, solo un par de butacas los separaban y la última nota de “Serenade” de Schubert se perdía entre los aplausos de los concurrentes, cuando se pusieron de pié y se retiraron de la sala.

Se cruzaron en el vestíbulo, se miraron a los ojos, se saludaron inclinando sus cabezas y… no dijeron nada.

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