¡Oh mundo, mundo…

Esta espera ensombrece mis días,
me desespera la incertidumbre de tu nombre.
No mora en mí más que la esperanza de hallarte
rozando mi rostro, despertando mi espíritu.

En algún amanecer
cuando sucumba la derrota que me habita,
podré mirarte de frente,
entonces te desafiaré mundo ignorante
que me niegas el derecho a ser mujer…

¡Llámame, mírame, nómbrame!

Entonces descorreré el velo que ciega tus ojos,
y podrás amarme por lo que soy
y no por lo que me niegas ser.

¡Oh mundo… mundo infiel!

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